nombre de la adiccion a los libros

Las aguas de la adicción a los juegos para videoconsolas están muy revueltas. Y que conste que no deseo tomarme a la rápida que alguien esté tan absorbido por algo a fin de que no permita su avance personal, familiar o profesional. En lo más mínimo, pero pienso que se crea una alarma innecesariamente elevada.

Hace unos cuantos días me desayuno esto en twitter a cuenta de Fortnite:

Aquí la lista de señales para revisar tu adicción por los libros

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El interesante instante en que la bibliomanía subió al muñequero

La bibliomanía es un trastorno psicológico que probablemente nos acompaña desde el instante en que comenzamos a leer y hacer bibliotecas. No obstante, no fue conocido popularmente bajo ese nombre hasta hace unos años. El instante ocurrió en Rusia a lo largo del siglo XIX.

En la Biblioteca Imperial Pública de San Petersburgo trabajaba un célebre doctor, Alois Pichler. La pasión de este hombre por los libros le ganó el alias del «librero increíble». No obstante, su distribución al papel y la lectura ocultaba oscuras pasiones.

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Individuos, ¿amigos imaginarios?

Otra de las peculiaridades de un devorador de libros es que siempre y en todo momento tiene un amigo imaginario cerca. Los individuos de ficción cobran vida en nuestro entendimiento y los llevamos con nosotros de esta manera que nos acompaña el recuerdo de nuestros conocidos cercanos. En el momento en que uno procura entender una historia y sus individuos, se sumerge completamente en el manual emotivo. Somos él y sus situaciones. Sentimos furia, miedo, mal o felicidad, según se desarrolle la trama de nuestro amigo imaginario en cuestión. Página a página experimentamos estas experiencias, sacándolas del libro y haciéndolas nuestras. Las luchas o triunfos de nuestros individuos de ficción nos afectan o incitan y tienen el poder de hacernos entender nuestras barreras o anhelos, tal como los de los que nos cubren.

Además de esto, mediante la lectura desarrollamos una mejor intuición y conocimiento sobre nuestro ambiente, permitiéndonos comprender mejor las señales sentimentales del resto y ponernos en su piel de una manera real y no únicamente caritativa. Según Lakoff y Johnson, nuestro entendimiento no solo responde a las representaciones de los fragancias, texturas o movimientos tal y como si fuesen reales, sino asimismo siente las relaciones con individuos de ficción tan intensos como nuestros encuentros sociales en la vida real.

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