mediante que mecanismo la nicotina provoca adiccion

En 1988, el Ministerio de Salud estadounidense clasificó la nicotina como una substancia adictiva. Los cigarros son demasiado eficaces para proveer nicotina. Toda vez que inhala, el fumador medio consume entre 1 y 2 mg de nicotina por cigarro. La nicotina llega al cerebro en unos diez segundos, lo que ayuda a su enorme poder de adicción. El cigarro y otros derivados del tabaco desarrollan dependencia por un mecanismo afín al de la adicción a drogas como la cocaína y la heroína.

La definición de adicción supone entre otros muchos: vida de tolerancia (hay que acrecentar la dosis para tener exactamente el mismo efecto); síndrome de abstinencia en frente de su sepa y el consumo compulsivo de una sustancia, pese a comprender las secuelas negativas que tiene en la salud.

La adicción a la nicotina

En el momento en que se consume nicotina, o una sustancia por el estilo, el cerebro llega de manera rápida a un estado de confort. Si esto sucede de forma frecuente, el órgano es cada vez menos con la capacidad de producir experiencias de exitación no socias al consumo de la substancia. En otras expresiones, resulta mucho más bien difícil conseguir esta satisfacción mediante medios naturales.

Simultáneamente a esto, se genera una reacción consistente en que el cerebro empieza a “anhelar” este estado de confort, con relativa continuidad. No es solo la necesidad de presenciar la satisfacción, sino aparece un displacer muy molesto. Un estado de incomodidad, nerviosismo y ansiedad, que regresa a por el consumo.

¿Qué es el síndrome de abstinencia del tabaco?

En el momento en que un individuo que se volvió adepta al tabaco deja de fumar o tarda un tiempo mucho más prolongado en regresar a fumar, el síndrome de abstinencia va realizando de las suyas. El consumo de nicotina genera efectos físicos y cambios de humor en el cerebro que son por un tiempo agradables. De ahí que van a hacer que el fumador desee continuar consumiendo cigarros.

Este síndrome que hace aparición en el momento en que el usuario deja de consumir nicotina y no tiene las endorfinas que hace el tabaco. Este se identifica por ocasionar irritabilidad, somnolencia, fatiga, contrariedad para concentrarse, trastornos del sueño, incremento de peso y urgencia por fumar. La mayor parte de estos síntomas alcanzan la máxima intensidad tras las 24 a 48 horas tras el último cigarro. Y van reduciendo de a poco en un periodo de 2 a 4 semanas.

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