investigacion documental sobre la adiccion a las redes sociales

Al lado de este primordial núcleo temático, el reportaje asimismo provoca varias deducciones bien interesantes sobre la cuestión de las relaciones entre tecnología y sociedad, y particularmente sobre la utilización de la IA (inteligencia artificial) (inteligencia artificial).

Una primera iniciativa atractiva es la próxima. Los investigadores y divulgadores de este tema de la inteligencia artificial acostumbran a llevar a cabo referencia, con entusiasmo o con alarma, al término de “singularidad”. De momento, los gadgets o apps de inteligencia artificial que fuimos capaces de diseñar y armar son sencillos herramientas con facultades intelectuales limitadísimas. Tienen la capacidad de realizar ciertas tareas a una excepcional agilidad, muy mayor a la humana, pero no tienen esa elasticidad, utilidad o elasticidad que define el intelecto humana y que la hace mayor a cualquier aparato que con bastante optimismo y asimismo con bastante de afán de marketing llamamos «capaz» o «smart». Partiendo de este estado del arte o de la técnica de hoy, se expone la oportunidad de que en algún instante -no entendemos si lejanísimo o considerablemente más próximo de lo que pensamos- la inteligencia artificial llegue a sobrepasar la singularidad humana, que la inteligencia artificial alcance el intelecto de propósito general, y más que nada la autoconciencia y la aptitud de asignarse los propios objetivos. Sobre esto se charla de “superinteligencia”, por el hecho de que si a la capacidad y agilidad de balance que son propias de la tecnología informática electrónica se une una elasticidad y generalidad comparables a las que definen el intelecto humana, el resultado sería un agente dotado de una sabiduría muy mayor a la humana. Y si entonces, en el instante en que se genere esta eclosión de sabiduría, no hemos logrado garantizar que esta superinteligencia se comportará con benevolencia en relación a la clase humana, tenemos la posibilidad de ir preparándonos para lo malo.

Alén de sus debilidades

Pese a su parte floja, El problema de las comunidades merece la pena. No por nada ha levantado ampulla desde el momento en que fuera estrenado en la interfaz de Netflix. Hay bastante por saber aquí, bastante que meditar y bastante que revisarnos una vez se concluya.

No obstante, es verdad que el internet y las comunidades cambiaron la raza humana. Asimismo hay varias cosas positivas en este modo donde se ha conectado el planeta.

addiccion

No obstante, en oposición al sistema capitalista y vertical de los negocios y de las sociedades, nos encontramos en una situación donde ganan un puñado de personas. Al tiempo que el resto de todo el mundo sacrifica(s) lo mucho más apreciado de sí.

Do not track

En los reportajes sobre comunidades, es requisito charlar sobre Do not track. Hablamos de una serie reportaje usable lanzada en 2015 sobre la intimidad en Internet. Esta redactada y apuntada por Brett Gaylor. La composición del reportaje se apoya en la combinación de vídeos cortos y elementos entretenidos. La meta es educar a la gente sobre quién puede estar rastreando en línea y la proporción de información privada que se puede extrapolar de tus ocupaciones en Internet.

Los efectos asoladores de la vergüenza en las comunidades se exploran en este reportaje rasgador pero que hace furia de los cineastas Bonnie Cohen y Jon Shenk. Las Audrie y Daisy en cuestión son 2 chicas que, en casos separados, fueron agredidas sexualmente por sus compañeros de secundaria y después prosiguieron tolerando en el momento en que sus historias se volvieron virales.

Si no pagas por el producto, el producto eres tú

Las comunidades usan algoritmos y programas informáticos para atrapar información sobre hábitos, deseos y peculiaridades de consumo, no solo identifican cuáles son los temas que cada sujeto mira en la página web, asimismo se miden los tiempos de exposición, cuyo propósito es hacer “Modelos” o concretes de clientes para mandar información o propaganda.

El negocio radica en atrapar el mayor tiempo de la gente para exponerlas a avisos o vídeos donde se promocionan artículos o servicios pagados por otros individuos. Se transforma este ambiente en un mercado de propaganda en el que el producto es la persona conectada a estas redes. La venta de información de cada integrante de una red no es el negocio, este se apoya en la generación de los “modelos” poco a poco más explicados y la sobreexposición a la propaganda.

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