enric corbera la adicción a la culpa

Partiendo de la idea de que a absolutamente nadie le agrada padecer, o por lo menos no de forma consciente, tener la oportunidad de arreglar viejos traumas que interfieren en nuestro presente con herramientas de la medicina no clásico (que sin negarla procuran complementar -la), puede ser muy revelador.

La Biodescodificación no es una novedad: Nació en la década del 80 de la mano del médico alemán Ryke Geerd Hamer y se dio a entender como la Novedosa Medicina Germánica. Esta postula que las conmuevas y los enfrentamientos sentimentales son los autores de distintos choque y traumas que, al tiempo, ocasionan patologías. Entre las premisas es: En el momento en que enfermas físicamente lo que tienes es un enfrentamiento sensible sin solucionar.

La culpa y el perdón nos transporta a la integración de la sombra.

En el momento en que nos estancamos en la culpa, en el momento en que culpamos a el resto de lo que nos pasa, entramos en el victimismo, nos transformamos en víctimas inocentes y suponemos merecer la simpatía y la compasión del resto, aparte de soliciar un castigo por al culpable. Esto nos transporta a no desplazarnos, a no mudar nuestra forma de ser, en tanto que pensamos que el castigo sobre el otro corregirá nuestro inconveniente. No nos ofrecemos cuenta de que lo que deseamos castigar al otro es lo que castigamos en nosotros y que, por consiguiente, la única forma de solucionar el enfrentamiento es perdonar al otro. De este modo nos perdonamos a nosotros, mucho más bien, perdonamos nuestros juicios, que proyectamos sobre el resto. Solo entonces tenemos la posibilidad de liberarnos de las cadenas que nos anudan a nuestros ordenes inconscientes, y que el cosmos tan fervorosamente desea que hagamos siendo conscientes de ello.

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La culpa es el sentimiento mucho más despiadado que hay, desmembra a quien la padece y la sumerge la obscuridad mucho más absoluta.

La culpa se recrea en sí, obstruye una visión objetiva de los hechos. Se retroalimenta de pensamientos distorsionados de la verdad y de la autocrítica desaforada. En parte asimismo la culpa es cómoda, es preferible sentirla que movilizarse para mudar y editar aquello con lo que padecemos. La culpa en sí es una manera de negarse y de denegar a el resto. Sucede que en ocasiones, la gente están tan sumergidas en el padecimiento que se preocupan salir, les da temor sentirse bien, les aterra vivir con plenitud, como mártires pasan por la vida con el único sentido escencial de padecer, pensando que o sea lo que se estima, pensando que de este modo hacen lo preciso. Como digo, no se utiliza para nada, es como agua atascada que no corre, que se pudre y acaba con todo atisbo de vida.

La culpa nos impide seguir, nos sumerge en estados de angustia, apatía, desolación, pero asimismo es egoísta; la responsabilidad arrastra un fuerte sentimiento de narcicismo y omnipotencia, “son el resto quienes tienen que mudar a fin de que yo no padezca”. Como digo es el sentimiento mucho más dañino que tengamos la posibilidad sentir y está en la base de prácticamente todos los trastornos (depresión, ansiedad, TOC, drogadicción, etcétera.). Exactamente estas personas, las que padecen algún género de adicción, son las que mejor conocen la culpa, transformándose esta en entre los causantes con lo que es tan bien difícil sobrepasar una adicción.

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